Entrevista a D. Jesús Mateo Fernández: «El alma del sacerdote se forja en el silencio, el sufrimiento y la fidelidad»
D. Jesús Mateo Fernández acaba de publicar Las memorias de un párroco, un libro en el que abre su corazón para relatar, sin artificios ni triunfalismos, las vivencias humanas, pastorales y espirituales de toda una vida entregada al sacerdocio. Con un lenguaje directo y profundamente honesto, estas memorias se convierten en un testimonio vivo del ministerio sacerdotal en la España contemporánea. En esta entrevista que le he hecho, el sacerdote reflexiona sobre la fe, la Iglesia, el sufrimiento, la esperanza y la fidelidad cotidiana.
Don Jesús, ¿qué le impulsó a escribir Las memorias de un párroco? ¿Fue una necesidad interior, un acto de obediencia o un deseo de dejar testimonio?
En primer lugar, gracias mi querido Pablo, por la atención y el detalle de entrevistarme con motivo de mi libro recién publicado "Las Memorias de un Párroco".
Fui impulsado a escribir este libro tras hacer Ejercicios Espirituales con un grupo numeroso de sacerdotes. Éramos más de treinta, jóvenes, de mediana edad y mayores, algunos ancianos.
Todos ellos me impresionaron por su vida sencilla y entregada. Además noté en todos ellos la alegría de ser sacerdotes.
Ello me animó a dar testimonio de la vida sencilla, oculta, y sacrificada de un cura con sus luces y sus sombras.
Al mismo tiempo pido a Dios que mi testimonio sirva para que al leer mis memorias recen por los sacerdotes y ojalá que algún joven se sienta llamado al Sacerdocio.
En un tiempo en el que la figura del sacerdote es a menudo incomprendida o cuestionada, ¿qué cree que puede aportar este libro a los fieles y a la sociedad en general?
Solamente Dios sabe lo que el libro pueda aportar a los fieles y a la sociedad en general.
En estas memorias encontrarás la vida normal y sencilla de un sacerdote, de un sembrador que ha pasado su vida sembrando por los campos de Castilla la Palabra de Dios.
Te puedo decir, que hasta la fecha, me ha impresionado el testimonio de dos sacerdotes que me han comunicado que han disfrutado leyendo el libro.
Eso mismo me van diciendo los feligreses y amigos que lo han leído. Uno de ellos me ha comentado que lo han leído de un tirón
Yo me he limitado a sembrar y sembrar a voleo, durante sesenta y cinco años de sacerdocio por estas queridas tierras de Castilla.
A lo largo de su ministerio, ¿cuál ha sido el momento más luminoso que recuerda… y cuál el más doloroso?
El momento más luminoso de mi vida, sin lugar a dudas, ha sido mi ordenación sacerdotal. Esa ha sido la gracia mayor que he recibido a lo largo de mi vida.
He sido y soy feliz siendo sacerdote, y si volviese a nacer, volvería a ser sacerdote.
¿El día más doloroso?, el día que murió mi madre. Yo tenía entonces 27 años. En esta vida disfruté poco tiempo de mi madre. Espero disfrutar de ella en el Cielo para toda la eternidad.
Te cuento algo muy personal:
Siempre que conozco y saludo a una madre de un cura le pido un beso de madre de cura. Echo de menos, añoro, el beso de mi madre.
Respecto a la vida parroquial el mayor sufrimiento que he tenido ha sido el ver que del año 1960 al 2026 las iglesias se han ido vaciando y muchos han dejado de practicar. La sociedad se ha secularizado y se ha apartado de Dios.
Me duele la falta de vocaciones y la ausencia de jóvenes en la Iglesia.
Usted narra vivencias muy concretas de parroquia. ¿Qué enseñanzas espirituales se esconden en lo cotidiano, en lo aparentemente pequeño y silencioso del ministerio?
En el libro cuento muchas anécdotas y vivencias que hace amena su lectura.
De las visitas a los enfermos tengo cantidad de ellas.
Recuerdo las vivencias con Manolín, un crío muy enfermo y muy listo... qué conversaciones tenía con él...
La contestación que me dio una señora muy simpática, muy enferma, que al pedirle que cuando viese a la Virgen le dijese que la quería mucho y que se acordase de mi, me dijo esté tranquilo que tan pronto como la vea le diré que le lleve cuánto antes. Como es lógico le aclaré que no hiciese esa petición.
¿De la vida ordinaria?, las horas que pasaba a diario junto al Sagrario, sólo en la Iglesia, en silencio. Hablando a solas con el Señor.
¿Cómo ha cambiado el rostro de la parroquia y de los fieles a lo largo de los años? ¿Qué permanece y qué se ha perdido?
Solamente Dios lo sabe. Dios nos hace ver a los sacerdotes que el que mueve a las almas es El. Hay pocos casos como el del Santo Cura de Ars que transformó su parroquia.
De ordinario, el cura pasa unos años por una parroquia y no se notan los cambios. Lo que sí se nota es el cambio en las personas.
No hace mucho me decía un señor: Estoy cumpliendo el consejo que usted me dio al casarme: que no me acostara ninguna noche enfadado con mi esposa, que antes hiciera las paces.
En cantidad de ocasiones me han comentado que les di un consejo y que les ha venido muy bien, y yo no lo recuerdo para nada. Es el Señor el que actúa a través del sacerdote.
Lo que permanece es el trato personal, la dirección espiritual, la cercanía, la humildad y la sencillez del sacerdote con los feligreses.
En sus memorias aparece con fuerza la dimensión humana del sacerdote. ¿Cómo se vive la soledad, el cansancio y la cruz cuando uno ha entregado su vida a Dios?
Sí. Es muy importante la dimensión humana del sacerdote, a mí me cautiva la Santísima Humanidad de Jesucristo. Es cercano, acogedor, humano. Muy humano y muy divino: acoge, perdona, comprende, siente lástima por la multitud que andan como ovejas sin pastor...
Eso nos pide Dios a los sacerdotes y eso tenéis que pedir vosotros por nosotros.
Los sacerdotes somos de carne humana. No somos super hombres. Tenemos tentaciones y problemas como todos los demás.
Sufrimos el dolor, el cansancio, la soledad y la Cruz. ¿Cómo vivirlo y ser felices en medio del dolor?
Es cuestión de estar enamorados. Enamorados de Cristo y del sacerdocio. Si uno está enamorado de Jesucristo no le dejará. Si está enamorado perseverará y será feliz.
Además contamos con la ayuda de la Virgen, Madre de los sacerdotes. Con Ella qué fácil.
¿Qué papel ha tenido la oración en los momentos de oscuridad o de duda vocacional?
El sacerdote vive en medio del mundo y a todos se nos mete el activismo y tenemos el peligro del estrés, porque no llegamos a todo.
Son tantas las cosas que un párroco tiene que hacer, que corre el peligro de descuidar su vida interior. Tiene que estar atento para que no le absorban las necesidades materiales. Sin oración es difícil perseverar.
La oración es vital en la vida de un cura. Necesita hablar, a solas, con el Señor, para que no se apague la intimidad con el Maestro.
El secreto de la perseverancia de su vida está en el amor. Debe de ser un enamorado de Jesucristo y dedicarle un rato por la mañana y otro por la tarde para hacer oración.
El Demonio le quiere hacer ver al Sacerdote que ese tiempo dedicado al Señor es un tiempo perdido. Mentira absoluta, pero es fácil caer en ella.
Muchos jóvenes hoy sienten inquietud, pero también miedo al compromiso definitivo. Desde su experiencia, ¿qué les diría a quienes sienten la llamada al sacerdocio pero no se atreven a dar el paso?
Con palabras de San Juan Pablo II el primer día de su Pontificado, desde la ventana, les diría:
No tengáis miedo, abrid de par en par vuestros corazones a Dios Nuestro Señor. Jesucristo no quita nada, lo da todo.
En la actualidad Dios está llamando a jóvenes una vez terminada su carrera. Gente mayorcita. Me parece un milagro. Son una maravilla. Pero no menos maravilla han sido y somos los que estuvimos doce años en el Seminario y continuamos con la misma ilusión de ser sacerdotes como el primer día.
El que llama y elige es Dios. Si oyes su llamada sé valiente, sé generoso. Serás feliz. No te arrepentirás. Dios da el ciento por uno y luego la Vida Eterna.
¿Cree que la Iglesia necesita hoy más testigos que discursos? ¿Es este libro, en el fondo, un acto de testimonio?
Efectivamente. Hoy se necesitan testigos. En esta línea va mi libro. No intento dar ninguna lección. Expongo mi vida como un testimonio sencillo, humilde, sincero, de cura de pueblo aunque lo sea también de Ciudad.
En el fondo me considero cura de pueblo, sencillamente cura cercano, cura, cura.
Sacerdote siempre, sólo y en todo sacerdote como prometí al Señor el día de mi ordenación sacerdotal.
Simplemente la presencia de un sacerdote es un auténtico testimonio. Su vida nos habla de Dios, del más allá. Nadie queda indiferente ante un sacerdote.
Durante toda mi vida he admirado a los sacerdotes. Recuerdo con mucho cariño al cura de mi pueblo que me animó a ir al Seminario.
Hace años, muchos años, a un sacerdote mayor, D. Manuel se llamaba, le decía de corazón que cuando yo tuviera sus años me gustaría parecerme a él. Era un sacerdote bondadoso, educado, alegre, feliz. Vivió y murió santamente. Un testimonio auténtico de sacerdote.
Si pudiese resumir en una sola frase lo que ha significado para usted ser párroco, ¿cuál sería?
Iría en esta línea: «Ser siempre, solo, y en todo sacerdote». Darme a las almas.
Renuevo el compromiso que hice en la toma de posesión de la parroquia de San Lorenzo. Recuerdo que, ante la Virgen, la Patrona de Valladolid, dije a los feligreses:
Desde hoy tomáis posesión de mi vida y de mi persona. Os pertenezco. Viviré para vosotros. Vosotros sois mi vida, mis hijos, mis amigos.
Después de escribir estas memorias, ¿qué ha descubierto de nuevo sobre su propia vida y sobre la acción de Dios en ella?
Que con el Salmista reconozco "que el Señor ha estado grande conmigo y estoy alegre".
Dios se ha volcado conmigo. Soy feliz. Dios me ama y me quiere con locura. Soy Hijo de Dios.
Me ha elegido desde siempre y para siempre para El.
La Virgen me ha llevado de su mano desde el seno materno hasta Él
Por último, ¿qué espera que experimente el lector al cerrar el libro: consuelo, interpelación, esperanza, conversión?
Y ¿Por qué no las cuatro?
¿Y por qué no muchas más?
Dios derrama la gracia a voleo. No pongamos límites al campo, a la gracia de Dios.
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C. del Santuario, 27, 47002 Valladolid - Santuario de la Gran Promesa (Valladolid) -
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C. de las Angustias, 5, 47003 Valladolid - Librería Paulinas de Valladolid
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